Monday, 19 January 2026

Conclusión

La violencia de género digital en adolescentes no suele empezar “con golpes”, sino con pequeñas cesiones que se confunden con amor: contraseñas, ubicación, vigilancia, presión y culpa. Lo digital hace que la violencia sea más persistente: puede acompañar a la víctima a cualquier hora y lugar. Por eso, el papel educativo es decisivo: enseñar a diferenciar cuidado de control, amor de posesión y relación de vigilancia.

La prevención más eficaz no se limita a campañas puntuales; exige modelos educativos basados en igualdad, autonomía, responsabilidad y libertad, con protocolos claros y una red adulta de confianza (tutoría, orientación, equipo directivo) que sepa escuchar sin culpabilizar y actuar con seguridad. La normativa española y europea, junto con los recursos institucionales disponibles (016, 017, guías y campañas), ofrecen un marco sólido para pasar de la sensibilización a la intervención preventiva real

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